Lectura: Juan 14:1-9 «Yo soy el camino la verdad y la vida»

En el mundo actual, con toda su problemática y a pesar de todo el desarrollo tecnológico hay muchas personas que simplemente «existen». Se levantan, van a la escuela, al trabajo, comen, duermen y así cada día se vuelve un mecanismo rutinario que les oprime y les hace sentir que su vida no tiene sentido. El peligro de una vida rutinaria y sin incentivos puede alcanzar a cualquier persona independientemente de la edad que posea. Conozco a jóvenes que manifiestan «no saber qué hacer con su vida», adultos llenos de hastío y ancianos que manifiestan sentirse como un estorbo. De ese modo… ¿realmente se vive? Un autor peruano en un libro que recoge muchas frases y pensamientos dice: «Viejo no es la persona que ha vivido muchos años; viejo es el que se acuesta sin metas y se levanta sin esperanza».

Si tal pensamiento es cierto, tal estado de ánimo puede existir con independencia de la edad de la persona. Sin embargo, ya anciano y desde una prisión romana, Pablo escribió: «Para mí el vivir es Cristo». En esa misma carta también afirma: «Olvidando lo que queda atrás y extendiéndome a lo que está delante, prosigo a la meta…» (Filipenses 1:21 y 3:12-14).

Es básico en la vida trazarse metas y luchar por conquistarlas, no importa la edad que uno tenga. Eso sí, es indispensable que nuestros proyectos y metas estén acordes con la voluntad de Dios para que puedan ser realizables. Nunca debemos olvidar que Dios envió a Su Hijo Cristo para que tuviéramos vida y para que la tuviéramos en abundancia. En tu presencia hay plenitud de gozo (Salmo 16:11)

BY TRW