Lectura: 1 Juan 2:15-17

“No améis al mundo, ni las cosas que están en el mundo…” v.15

Hubo un tiempo en la historia cuando la iglesia se mantuvo en pie, en una firme posición, y el mundo seguía el ejemplo de ella. Ahora las cosas se han invertido y somos nosotros, la iglesia de Cristo, los que imitamos al mundo hasta el punto que los medios de comunicación cristianos, los cantantes cristianos y hasta la predicación cristiana con frecuencia no son más que un pobre eco del mundo.

Cuando el apóstol Juan se refiere al mundo en este pasaje, se refiere al sistema controlado por Satanás y con el cual se opone a Dios y a todo lo que es de …Él. El amor por el mundo es negación de nuestro amor a Dios y nos identifica con un sistema condenado a la destrucción.

Necesitamos invertir esta tendencia y una vez mas predicar, creer y ajustarnos al hecho de que debe haber una diferencia radical en espíritu tanto como en práctica, entre un mundo caído y una iglesia redimida. Por eso, no pongas tus sentidos o negocies tus valores y principios por algo que: apele a los apetitos de la carne, fomente la codicia o ambición, o cause orgullo o arrogancia.

Cuando comprendamos la plenitud de nuestra herencia en Cristo, se revelar· toda la pobreza de la oferta del mundo. Cuando depositemos de verdad nuestros afectos en Dios, la atracción del mundo dejar· de ser un problema. Contrario a la mujer de Lot, que rechazó renunciar al mundo, levantemos nuestra vista hacia la gloriosa esperanza del Reino eterno de Dios.

Sigifredo Sabalza, Venezuela

El mundo pasará, el Reino de Dios permanecerá